Sobre nosotros

El olor a tinta y a papel, así como el ruído de las máquinas, inundan el negocio que hay en el portal número 1 de la calle San Román de Pontevedra, a tan solo unos metros de la plaza de la Ferrería y en el corazón de la zona antigua de la ciudad. Allí está la imprenta El Pueblo, un auténtico estandarte del trabajo tradicional y artesano. Fundada en 1911 por Salustiano Fernández, bisabuelo de los actuales propietarios, debe su nombre al periódico que salía de sus máquinas.

Al preguntar a la familia por el día exacto en el que se abrió la imprenta, ésta queda aturdida: «La fecha exacta no la sabemos. De lo que sí estamos seguros es de que nuestro bisabuelo llegó de Redondela y montó su primera imprenta en la calle Peregrina, a menos de cinco minutos de aquí». La otra cosa que saben es que 109 son muchos años.

En todo este tiempo, como nos dice Luis Benito Fernández Cabanelas, copropietario de la imprenta, «hubo un cambio, no solo en la técnica, los procesos y las máquinas, sino también social, política y, sobre todo, de mentalidad de las personas». Así, El Pueblo consiguió superar toda esa serie de alteraciones para seguir atendiendo las demandas de la gente.

«Evidentemente, los tipos ya no los utilizamos excepto para casos muy puntuales, pero seguimos y seguiremos haciendo muchas cosas que ya se hacían antes. Todo esto, por lo menos, hasta que nos jubilemos. Después, la imprenta tendrá que cerrar porque la siguiente generación no va a seguir con el negocio», explica Salustiano, copropietario junto con su hermano Luis Benito. Además de esto, ambos coinciden en que la situación es muy difícil para el negocio, ya que la gente, sobre todo motivada por la crisis económica actual, prefiere ir a otro tipo de establecimientos o comprar por internet.

Por esto, y porque ahora las nuevas tecnologías conceden grandes facilidades en el mundo de la impresión, es por lo que en la actualidad la Imprenta El Pueblo solo cuenta con un asalariado, en contraposición con los nueve que llegó a tener este negocio en algunos momentos de su historia. Este trabajador se llama Ramón Monteagudo Castiñeiras y conoce muy bien el oficio, pues lleva trabajando desde la edad legal.

Ahora, con más de 60 años, Monteagudo comenta que «antes, entre que tenías que encontrar las fuentes y los cuerpos de las letras, que tenías que ordenarlas y que tenías que comprobar que no existiese el mínimo error, podías echar tranquilamente un par de horas para hacer una página. Con los ordenadores, en menos de 5 minutos escoges la fuente, el cuerpo, haces la página y aún te sobra tiempo para corregirlo todo.

Mucho antes de que Ramón comenzase a trabajar, cuando aún había que dedicarle tiempo para crear las páginas y Salustiano (bisabuelo de los actuales propietarios) estaba al frente del oficio, de las rotativas de El Pueblo salían periódicos como El País, Estrella Roja o El Pueblo. El primero, publicado por primera vez el 1 de diciembre de 1932 y con un ideario puramente republicano y galleguista, contaba en su plantilla con nombres muy sonados de la época, de la talla de Castelao, Alexandre Bóveda o Antón Vilar Ponte. De esta forma, a la cabeza de este periódico estaba Maximiliano Pérez Prego, el director del periódico; y Roberto Blanco Torres, uno de los periodistas gallegos más importantes del siglo pasado.

«Se dejó de publicar el 18 de julio de 1936», señala sobre este tema Luis Benito. «Poco después pasearon a varios redactores, y tres meses después apareció el director en una cuneta. Las cosas eran así, mi familia tuvo suerte porque era amiga de un alto mando de la Guardia Civil». El propietario no se equivoca, puesto que, además de la gente relacionada con los periódicos, también fueron fusilados otros tipógrafos, como Ramiro Paz, propietario de La Popular. Este es el motivo principal por lo que de estos años no se conservan muchos documentos, pues la gran parte de ellos fueron destruídos durante la guerra. Lo que sobrevivió se encuentra actualmente en el Museo de Pontevedra, quien, a través de Galiciana, digitalizó los documentos históricos.

No obstante, y a pesar de salvarse de la muerte a la que Salustiano estaba expuesto, él y su hijo Luis Fernández Seijas tuvieron que hacer frente a otros problemas después de la guerra, como a cambiarle el nombre a Imprenta Salustiano Fernández y tener que ver como durante los primeros años de posguerra siempre había en la puesta del taller un centinela que vigilaba a la gente que entraba en el establecimiento.

Aún así, la imprenta consiguió sobrevivir a la durísima posguerra siendo del bando perdedor, todo esto grcias a Luis Fernández Rodríguez, perteneciente a la tercera generación de la familia de tipógrafos.

Estamos delante de un oficio en el que hace falta luchar para continuar, y eso es lo que hicieron todas las generaciones de la familia que estuvo al frente de El Pueblo desde su apertura hace casi 110 años. Desde Salustiano hasta los actuales dueños, todos hicieron que no se perdiese en ningún momento la tradición y los buenos resultados. Esta imprenta conserva su encanto centenario, pues todo se sigue haciendo con la misma delicadeza que cuando las cosas se llevaban a cabo de forma laboriosa. Es por esto que, por el momento, no se dejó superar por la situación: ni el fascismo y la represión ni los avances tecnológicos y la crisis pudieron hacer que la Imprenta El Pueblo dejase de inundar con su olor a tinta y papel y con el sonido de sus máquinas el portal número 1 de la calle San Román de Pontevedra.